¿Cómo se hace?
Hay muchas formas de hacerlo:
– La salvia: Imbatible, purifica las energías, disuelve los recuerdos antiguos y estimula la renovación. También tiene un efecto antibacteriano. Basta con encender el manojo y dejar que el humo invada las habitaciones (mantenga las ventanas abiertas durante todo el proceso).
– La sal marina gruesa: menos conocida, también permite expulsar las energías negativas residuales. Deberás colocar cuencos con sal marina gruesa en cada habitación y dejarlos allí durante al menos una semana.
– El incienso de olíbano: Conocido en diferentes formas, aquí es preferible utilizarlo en resina por su mayor concentración. Necesitarás un incensario o un recipiente resistente al calor y un carbón encendido.
Muchas otras plantas o piedras pueden complementar estos rituales de purificación. Aportarán efectos olfativos adicionales o de bienestar. He aquí algunas de ellas:
- El alcanfor, que posee propiedades antisépticas
- El romero,
- La hierba santa, que aporta un aroma suave y favorece la curación
- La artemisa, que desprende un aroma fuerte y picante
- El palo santo y su aroma aromático, suave y amaderado, que ayuda a reducir el estrés y la ansiedad
- El cristal de roca, piedra reina en litoterapia, permite amplificar el nivel energético
- La turmalina, que aporta virtudes protectoras.
- La amatista, que le aportará calma y serenidad
- El cuenco tibetano: Tendrás que hacer «cantar» tu cuenco por los cuatro rincones de la habitación durante unos veinte segundos.
Todos estos procedimientos para purificar bien la casa tendrán el efecto deseado si los acompañas con el pensamiento y el deseo. Debes estar centrado en lo que haces. El ritual de purificación es un momento especial de comunión.
El hogar es nuestro nido, ¡cuidémoslo!
